El Hacedor de nubes

AlexanderShulgin

La droga moldea las décadas a su antojo. Generación tras generación cae rendida al tóxico estilo de vida al que le invita una sociedad rendida a sus efectos. Tras las grandes oleadas culturales del siglo XX siempre ha existido una sustancia vinculada a la felicidad cuyos creadores ejercieron de gurús generacionales sin pretenderlo. Los ritmos musicales más osados han nacido bajo ese encuentro entre el hombre y lo desconocido: desde la psicodelia hasta el acid house. Cierto visionario fue capaz de alterar el pulso de la historia y ayudar a generar no uno, como Albert Hoffmann, sino dos veranos del amor. Su transgresión le convirtió en demonio y santo al mismo tiempo que se desvanecían las puertas de la percepción.

Alexander Sasha Shulgin nace durante un apacible 17 de junio de 1925 en Berkeley, California. La residencia de los Shulgin es un lugar afortunado dentro de la clase media americana que no presagia el descalabro bursátil del 29. El pequeño Sasha se rodea de arte y cultura. Sus padres son profesores cultos de ideas liberales. La incipiente mente de Sasha vuela libre bajo el cristalino cielo californiano. Su padre tiene ascendencia rusa y su madre es yanki. El niño no tiene problemas con los idiomas, maneja con soltura inglés, ruso y francés. Por su casa pasan intelectuales que debaten con fiereza ideas vanguardistas sobre lo mundano y lo divino.

En el colegio Sasha no se encuentra tan acogido como dentro de su casa pero su superior inteligencia no pasa desapercibida y se le considera un niño prodigio. Quizás, esa incipiente sapiencia le fuerza a ser un crío pacífico, que pasa de los problemas. No se integra bien con la gente de su edad a pesar de todo.

El chico comienza a tener manías de genio y se siente atraído por los sótanos. Allí encuentra paz y serenidad. En ese lugar monta su primer laboratorio de química con 7 años. Desde muy joven comprende la importancia de ir por delante de los legisladores. Pasea su inocencia en bici hacia uno de esos pintorescos Drugstores americanos donde se venden todas las sustancias conocidas por la ley. Se abastece de todo lo que su ingente imaginación le solicita, incluso bicarbonato sódico y sulfato magnésico, hasta que son prohibidos. Su inteligente perspicacia detecta una información muy útil para el futuro.

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Con apenas 16 años decide probar suerte en un examen de ingreso a Harvard. El chico demuestra talento de sobra para la universidad snob por excelencia. Logra una prometedora beca de química pero, de nuevo, el carácter especial de Sasha choca frontalmente con la rigidez mental de sus compañeros. El choque es evidente y los herederos de familias bien le arrinconan debido a su infancia humilde. Un año de burlas y desengaños le basta para alejarse de tan dañino entorno y se enrola en la marina en plena II Guerra Mundial. Le destinan a un buque en el Atlántico Norte y aunque no se entera mucho de la guerra al no entrar en ningún combate comprometido, siente el aliento del dolor de cerca. Una dolorosa infección en un pulgar le hace conocer la morfina.

Le apasiona su efecto y se siente intrigado por la causa de un cambio de consciencia tan poderoso. En el hospital de campaña su vida gira de forma drástica en busca de su destino. Unos cristales en el fondo de un vaso de zumo son la causa del despertar de la mente de Sasha. Shulgin se pregunta si se trata de azúcar o pastillas. Se decanta por lo segundo. Se duerme antes de sentir la dosis de Pentotal necesaria para una operación en la que pierde un centímetro de dedo. Al despertar y comprender que se trataba de azúcar se intriga por el poder de los placebos. Decide estudiar los mensajes sin descifrar del cerebro mediante la química. Un año en guerra le transforma, como es obvio, y tras la rendición del Eje vuelve a Estados Unidos con ánimos renacidos.

Se matricula en la universidad de química de California, en San Francisco. Destaca entre su promoción y sale del campus con un buen curro bajo el brazo en la Bio-Rad, una química especializada en insecticidas. Se doctora en bioquímica en el 54. Poco después se muda a los laboratorios de la Dow Chemical, en Pittsburg y Walnut Creek. Allí su trabajo crea el primer insecticida biodegradable. El Zectran supone una bendición para el planeta y para la empresa. Con este vanguardista producto Dow gana millones de dólares. La directiva decide premiar a su empleado con carta blanca para iniciar cualquier investigación de su interés. La vida le sonríe y Sasha celebra su ansiada libertad.

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Lee a Huxley y le inspira profundamente. Cree en el poder dormido de la mente y busca sustancias que activen la psique humana. En 1960 se interesa por la mescalina. Del principio activo del peyote no existe aún mucha documentación exceptuando algunos artículos dispersos y un tratado de Karl Berniger en 1927. Decide experimentar con la sustancia. El viaje transforma su mundo interior. 400 mg de sulfato de mescalina abren su mente.

En rincones inaccesibles de su interior descubre un universo incapaz de conocer su realidad. Algo le dice que el mundo no es más que una construcción propia. Comienza un peregrinaje psiquedélico en busca de las profundidades cognitivas de nuestra mente con las drogas como catalizadores. De sus labios sale una frase definitoria de su filosofía: Todas las drogas ofrecen una recompensa, presentan algún riesgo y podemos abusar de ellas. Bucean en nuestro mundo interior y expanden horizontes. Se encierra en su laboratorio para centrarse en la sintetización de sustancias con efectos psicoactivos. Les encuentra un sinfín de utilidades médicas y creativas a pesar de sus daños fisiológicos, su mono o los problemas policiales que puedan acarrear. Shulgin sabe que la calidad y la cantidad de la dosis separan la virtud de la muerte.

Con el cambio de década, una célebre sustancia aparece en escena sintetizada por otro químico genial como Albert Hoffmann. Ambos se hacen amigos y frecuentan el círculo de Cary Grant, que se trata alegremente de un trastorno con dosis de LSD puro. Su creador y Sasha conservarán intacta su amistad y ambos recorrerán caminos vitales y científicos similares.

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Los experimentos de Shulgin van ofreciendo interesantes resultados. En 1963 sintetiza una superanfetamina que bautiza como DOM. Tiene un única potencia inferior al LSD y su cuelgue dura 48 horas. Durante ese mismo año y a lo largo de 1964 trabaja en el TMA, un compuesto poco utilizado y creado en 1940. Tras un testeo personal lo desecha porque no le agrada sus efectos. Decide jugar con su composición hasta que se encuentra con el MDMA (3,4 metilendioximetananfetamina) un año más tarde. No le entusiasma y la deja aparcada sin probarla. Estudia medicina para comprender mejor las complejidades del cerebro y el efecto de las drogas en él.

Durante una conferencia en San Francisco una alumna habla acerca del potencial psíquico y sexual del MDMA. Este hecho le abre la curiosidad a Shulgin por el compuesto. Había experimentado antes con él a través de la patente de los laboratorios Merck fechada en 1912. Poco después de la conferencia prueba el M y siente una experiencia emocional extraordinaria.

Para entonces, Shulgin ya no trabaja para Dow. Ha vuelto a encontrar un sótano donde desarrollar su alquimia vanguardista. En la otra costa un químico de Brooklyn conocido como Nick Sand se topa con una obra suya. Sand se maravilla con el efecto del DOM y decide construir un laboratorio industrial en San Francisco para producir la sustancia en masa. Sasha ignora estos movimientos aunque posteriormente ambos científicos compartirán momentos personales.

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Sand se convierte en el primer cocinero de meta de la historia con una cocción de una marmita de 500 litros de DOM. Vende su excepcional producto a los temibles Ángeles del Infierno generando unos pingües beneficios. Las rutas de los moteros por todo el país se llenan de potentes dosis de 20mg de la anfeta. Shulgin no consumió nunca más de 2 o 4 mg. Los efectos del DOM comienzan a hacerse notar y cuece a fuego lento el llamado verano del amor de San Francisco.

El ideario generacional de los hippies confluye en aquella ciudad, donde la libertad y las drogas conjugan durante un breve espacio de tiempo todo un poemario humano. Todo comienza con la proliferación de la llamada STP (Serenidad, Tranquilidad, Paz), sobrenombre del DOM de Sand y los Hell’s Angels. En verano del 67, una legendaria concentración de estudiantes, libertarios, intelectuales y amantes de la contracultura toman las calles de la ciudad. Se hacen fuertes en torno a las míticas calles Haigh y Ashbury. El efecto llamada lo han creado desde el recién celebrado festival de Monterrey donde The Mamas & The Papas enaltecen a sus seguidores a través de su tema San Francisco.

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El lugar se convierte poco después en la capital mundial de la música con bandas y artistas en comunión con el gentío y sus ideas. La psicodelia oculta en las sustancias de moda son una fuente de inspiración para las sublimes creaciones de Jimmy Hendrix, Jefferson Airplane, The Doors, Janis, Pink Floyd o Grateful Dead. Pretenden cambiar el mundo y a pesar de lograrlo no obtienen la revolución soñada. No solo músicos configuran el mapa intelectual de este encuentro con la libertad mental, el LSD y el DOM. Allen Ginsberg, Kerouac o Timothy Leary ven en este verano la tierra prometida. Duró un suspiro, al igual que los sueños.

Las altas dosis de DOM producen cientos de ingresos por delirios en hospitales donde su personal no se ha enfrentado a nada parecido. La prensa y los vecinos más conservadores usan una autolesión de un hippie en el vientre con una espada para erradicar el verano del amor. No tardan en conseguir más apoyos. El Speed ha sustituido al LSD a finales de verano y en otoño la juventud y la felicidad del evento se han evaporado. Unos 100000 vecinos se reúnen en una marcha contra el movimiento de las calles Haigh y Ashbury, logrando poner fin a un loco periodo estival, que abre la mente del mundo a través de las de Shulgin y Hoffmann.

Los setenta arrancan con cierto pesimismo rápidamente evaporado en brazos de la cocaína, la música funk y la cultura disco. Shulgin prosigue con su ingente labor investigadora con sustancias psicoactivas que ayuden a desvelar secretos de nuestra psique.

1974. Sintetiza uno de sus compuestos predilectos, el 2C-B. Le fascina su alto potencial sensual y alucinógeno. Llega a los consumidores bajo la etiqueta comercial de Nexus. Aunque en los 70, otra sustancia es la que copa su interés. Shulgin continúa desarrollando el MDMA hasta que en 1976 logra la síntesis definitiva. Su consumo le genera una satisfacción plena y decide hacerla llegar a los psicólogos underground de América para presentar sus utilidades médicas. Insiste en sus posibilidades como tratamiento alternativo para experiencias traumáticas. El prestigioso doctor Leo Zeff se enamora de sus efectos y lo promociona sin descanso entre sus colegas y allegados.

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Una de las psicólogas embelesadas por Shulgin es Ann, con la que inicia una relación de amor y pasión psicodélica. En 1976 organiza una conferencia para dar luz a sus experimentos con M y publica un impactante artículo sobre el tema en 1978. El interés por el MDMA crece de manera exponencial. En este caso, la calle se le adelanta. Informes policiales circulan desde 1970 advirtiendo de la aparición de esta droga en Illinois y después en Chicago. Aún nadie se explica como aquellas dosis llegaron hasta allí.

Sasha se casa con Ann en 1981. Con ella encuentra una compañera de experiencias psíquicas y ambos serán inseparables hasta el último momento. Los 80 traen nuevos patrones de ocio con las discotecas como templo y la música sintetizada a través de aparatos electrónicos marcando el paso. La coca decae y la música electrónica demanda drogas diferentes, basadas en lo sintético. Ya no importa la naturaleza de las sustancias sino su influjo. Las pistas de Ibiza y UK se dejan seducir por algo llamado éxtasis, que promueve el sexo, el buen rollo y largas noches de desenfreno. En 1984, el San Francisco Chronicle publica un extenso y escandaloso artículo acerca de una droga peligrosa. Lo titula The yuppie psychedelic. La polvareda que levanta supone el inicio de la prohibición de la sustancia a finales de la década.

Por su parte, Shulgin ofrece una conferencia multitudinaria en Big Sur, California. Allí, se reúnen cientos de los 4000 psicólogos y psiquiatras a los que Shulgin ha presentado previamente el M. Deciden llamarlo Adán como símbolo de la inocencia primigenia del Génesis, por sus escasos efectos adversos. La exposición de Shulgin remarca la escasez de mono y muestra los satisfactorios índices de tolerancia que su experimentación ha demostrado. Ann se convierte en una defensora convincente de la sustancia de su marido y confiesa que sus mejores viajes han sido a lomos de dosis controladas de M.

En los albores de la década la síntesis cae en manos de empresarios nocturnos en Inglaterra o Estados Unidos. Uno de estos tipos la bautiza éxtasis. Lástima, Shulgin siempre prefirió Empatía. Venden las dosis en pequeñas botellas de Sassyfras. Mientras fue legal pudo adquirirse durante un breve periodo de tiempo por teléfono usando tarjeta de crédito. El proceso de ilegalización del éxtasis y los alarmantes artículos aparecidos en los tabloides alimentan la curiosidad de una generación con deseos de experimentar.

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Surge el rollo Madchester y estalla una nueva nube social y cultural basada en el hedonismo al son de los nuevos ritmos electrónicos. Nacen locales convertidos en leyendas como La Haçienda en Manchester, donde despuntan djs como Laurent Garnier u Orbital. En Londres, el Club Shoon o el Trip viven un estallido desde las cabinas del acid house. En torno a él surge en 1988 el segundo verano del amor. Un periodo en el que la juventud violenta de UK deja los puños por los besos, la música electrónica y las pastillas. Los efectos de la droga producen afectividad, euforia y potencian el ánimo sexual, lo cual modifica el ocio, la cultura y la idiosincrasia de la noche. Los ritmos artificiales reflejan una nueva sociedad y se produce una oleada de nuevo talento musical y experimentación sin límites amparados por bandas como Kraftwerk, New Order y sobre todo el recién nacido Techno.

La prohibición de la sustancia lleva a crear el fenómeno rave. Con la bandera del smiley en todo su esplendor los raveros buscan lugares clandestinos y multitudinarios lejos de los ojos de la bofia. Posteriormente, pasan a celebrar sus encuentros al aire libre. La llamada droga del amor se expande por la autopista Orbital M-25 que circunvala Londres por obra y gracia de la odiada Thacher. La vía se convierte en un símbolo para los raveros como fue San Francisco para los hippies. El Techno de Chicago y el llamado acid house toman la carretera. Los juegos con el sintetizador Roland TB-303 generan un ruido seductor que exportan a Europa. Las sustancias de Shulgin vuelven a generar eventos como Sunrise, la primera rave de la historia y llega a inspirar una fiesta con más de 25000 personas viviendo una nueva revolución social. En 1989, los excesos y la presión policial producen un progresivo desmantelamiento del movimiento.

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Cuando el verano del amor agoniza se consolida otro fenómeno similar en España. Un hecho que interesa a Shulgin y del que escribirá con posteridad. Se le bautiza como Ruta destroyer o la Ruta del bakalao. La famosa travesía a través de la autopista Madrid-Valencia sustituye a la Orbital y se configura como el triunfo de lo sintético. Su nombre se debe a una leyenda urbana. Antoñito Antoñanzas, contaban los bakalas, puesto de mescalina valenciana y absorto en la música de Barraca, Espiral, Puzzle o Spook Factory, se introdujo un bacalao entero en esa zona sensible en la que termina la espalda. Tal hazaña anal le valió una visita al hospital y la instauración de una ruta salvaje cargada de drogas, asfalto y el refrito sintético del acid-house: el bakalao o máquina español. Un intento de hacer ruido con máquinas a imagen y semejanza de lo que sucedía en la Orbital o en Ibiza.

La ruta dura todo el fin de semana y convoca a miles de personas bajo el efecto de la mescalina valenciana. El movimiento surge de la movida levantina de los 80. El itinerario es flexible. Parte de Madrid y tras una ruta de 72 horas finaliza en las discotecas locas de Valencia. La calidad de la música y de las drogas presentes en esta travesía son de peor calidad que las relucientes dosis de MDMA que se meten por las islas. El éxtasis llega proveniente de Ibiza y Holanda pero en realidad los españoles no conocen la sustancia original de Shulgin. Los camellos y empresarios de la zona cortan con 250 mg de cafeína cada 150 mg de MDA. La mesca o chufla contiene en realidad MDA, que si bien también ofrece una estructura parecida al M, sus efectos le acercan al LSD. Combinado con cafeína provoca mayor euforia y menor paz de espíritu.

A lo largo de los 90, la fiesta decae presa del Speed y otras drogas ajenas al verdadero verano del amor y las cunetas se estremecen con los accidentes de tráfico. Poco a poco, las medidas restrictivas de las autoridades, el desmantelamiento de las míticas discotecas, la desastrosa apuesta por el happy hardcore y un cambio generacional sepultan el concepto a medida que avanzan los inocuos 90. Como sucedió en Inglaterra las raves toman el testigo de las discos y proliferan ajenas a prensa y policía.

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En 1991, Sasha publica su primer libro. PIKHAL es un acrónimo en inglés de Filetaminas que yo he conocido y amado. Genera una gran controversia cuando Transfer Press logra vender 50000 copias de esta farmacopea. Dos años después de publicar su exitosa obra, la DEA se persona en su laboratorio, le extienden una receta de 25000$ y le retiran la licencia para investigar.

Poco después, Shulgin es invitado a visitar España en varias ocasiones. La primera de ellas se produce en un foro de investigadores en Barcelona, donde alucinan con el asombroso manejo del catalán del californiano. Reconoce que se puso a estudiarlo para estar a la altura del acontecimiento. La gente sale enganchada a este ser bondadoso que habla de sustancias para mitigar el dolor del alma. Repetiría visita a Barcelona pero antes conocerá el Madrid más profundo. Es invitado a un juicio como perito de la defensa en un caso de tráfico de MDMA. La fiscal pretende endiñarle a los dealers una dura condena alegando los efectos nocivos del Éxtasis en la sociedad. Shulgin impresiona con sus conocimientos y argumenta que el M no es Éxtasis. Expone sus diferentes composiciones químicas. Define el MDMA como una sustancia maravillosa que provoca empatía y paz. El juez rebaja la condena y Sasha contará la anécdota en multitud de ocasiones.

La política trata de usar a Shulgin como cabeza de turco de la segunda primavera del amor pero Sasha continúa con su labor de manera clandestina. Hace instalar un cartel en el que advierte que no permitirá otra intromisión ilegal de la DEA en su laboratorio. En 1997 decide proseguir con su compilación y sale a la luz TIKHAL, Triptaminas que yo he conocido y amado.

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Vive de una pensión modesta junto a su inseparable Ann. Toca el piano, bebe té, escucha a los grandes compositores rusos y charla con su mujer acerca de recuerdos e inquietudes. El terreno contiguo a su casa tiene dos antenas telefónicas repitiendo miles de señales en todas las direcciones, a él le sirve para ganarse un extra. En sus ratos libres experimentan juntos viajes psiquedélicos que les unen aún más. Sus amigos vienen a verles con asiduidad y el resto de su tiempo se lo dedica a su laboratorio con cartel anti-DEA.

Le preocupa la seguridad e intenta llevar todas sus investigaciones en el mayor secretismo posible. A veces, no lo consigue. En mayo de 2004, sintetiza y se mete una dosis de MeO – DALT. Le gusta el resultado y decide incluirlo en su siguiente antología. Le envía la composición por mail a Muple, un blogger admirador de Sasha. Éste lo publica en su web y un mes después aparece en China. Shulgin se aferra a su lacónico: Investigar para mostrar y educar. Un laboratorio clandestino lo pone a la venta en junio de ese mismo año a 200$ el gramo. Un maremoto judicial le aguarda tras diagnosticarse la primera sobredosis por Meo-DALT en Florida. La dosis de 225 mg era 11 veces superior al experimento de Shulgin. Los tribunales de Reino Unido prohíben del tirón todo lo aparecido en PIKHAL.

Durante 2008 Sasha sufre una operación peligrosa en una válvula cardíaca, de la que sale ileso aunque con la salud más frágil. No le impide llegar a la cifra de 230 compuestos psicoactivos sintetizados y bioensayados en él mismo, Ann y su círculo más cercano. Juega a crear nuevos términos definitorios de los efectos de sus drogas como jugueteo de ojos. Su favorita siempre ha sido ALEPH-1, le reconoce a la revista Vice en su última entrevista en vida. La define como La esencia del poder. Reconoce haber tenido más de 10000 experiencias psicodélicas y enfatiza la necesidad del ser humano de ver más allá de sus propias limitaciones.

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La muerte le sorprende un 3 de junio de 2014 tras haber padecido un doloroso cáncer de hígado. Su amada Ann cuelga un post en Facebook donde describe sus últimos momentos rodeados de amigos bajo las intensas notas de la música budista. La enfermedad del gurú psiquedélico han sido seguidas por miles de seguidores, que recaudan dinero desde 2008 para solventar la situación financiera de los Shulgin debido a los escandalosos costes sanitarios. Ann sigue manteniendo vivos el recuerdo y las sustancias de Sasha. Unas sustancias que esconden un sinfín de usos.

Se iba en paz un hechicero que trataba de paliar esa necesidad tan humana de experimentar otros mundos. Sus investigaciones nos llevaron a descubrir prohibidos pasajes de nosotros mismos pero se topó con los corsés morales de nuestro era. Siempre envuelto en polémicas sobre la toxicidad de sus proyectos, nunca fue responsable de ninguna sobredosis. Su vocación se acercaba más a la medicina que a los clubs nocturnos, donde se vendían sus obras adulteradas sin piedad. Shulgin fue un astronauta de su propio universo interior en el que halló respuestas y felicidad. Ese es su verdadero legado. Demostrar cómo derribar a patadas las puertas de la percepción para crear una nueva nube refugio de lo mejor y lo peor de cada ser humano.

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*A la memoria de mi padre.

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