La Superstar, no es lo que crees que es.

La ves pisando el asfalto entre las multitudes, en las canchas de básquet, tomando el sol en los parques, bebiendo vermuts los domingos. Crees que las conoces, pero la verdad es que la Superstar no es lo que crees que es. Desde sus humildes orígenes como mero equipamiento deportivo, hasta llegar a su status actual en la cima del streetwear, la Superstar es posiblemente la zapatilla deportiva más icónica de todos los tiempos.

Su historia la sitúa como la zapatilla deportiva por excelencia en los setenta y un emblema de la estética B-boy en los ochenta. Es en esa década cuando empieza la época dorada de la Superstar y se encumbra como un nexo de unión entre el Street Style y el Hip-Hop. Los pioneros y partidarios de la Superstar adoptaron la silueta como un elemento esencial en su estética, lo que le dio a la zapatilla la credibilidad a nivel de calle que ha mantenido hasta hoy en día.

El pueblo había hablado. Y entonces los míticos Run-DMC empezaron a llevar cadenas de oro, abrigos de cuero y las Superstar sin cordones. Forjando, sin saberlo, el dress code más auténtico relacionado con el rap. Esta conexión con el Hip-Hop fue profundamente influyente a nivel mundial. Y así su influencia cruzó el continente americano, y el planeta.

En California, cuando resurgió la escena streetwear de la costa Oeste, la Superstar estuvo en pies de DJ´s, patinadores y artistas de manera omnipresente. En Tokio fue la cultura otaku la que adaptó la Superstar como su seña de identidad, mientras que en Londres pocas eran las noches en las que no se veía una Superstar entre los clubes de acid jazz más alternativos o las discotecas con más caché.

Así fue como se agrandó la leyenda de la Superstar que vuelve en 2015 de la mano de 4 estrellas del mundo de la moda, la música y el deporte: David Beckham, Rita Ora, Pharrel Williams y Damiam Lillard.

Los cuatro iconos nos cuentan que ser una Superstar no busca el elogio. Una Superstar lo hace por pasión, no por la gloria. No se trata de escoger el camino fácil. No se trata de que tu nombre aparezca en una camiseta, una bandera o en el tatuaje de un fan. No se trata de llenar estadios o agotar entradas. Ser una Superstar no es lo que crees que es.

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