Palabra de B-Boy

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El sudor riega mi frente. Mi convicción me ha llevado hasta aquí. Hoy no hay diferencias entre altos y bajos, entre ricos y pobres. Sobre el escenario solo cuenta la habilidad que tengas al bailar esa danza callejera que puede hacerte inmortal. Me apetece volar sobre la realidad y demostrar la pasta de la que está hecha mi gente en el mejor escaparate del Break-Dance en el mundo. La música la impone la indomable Lady Funk. No importa mi nombre, tan solo el arte y la rabia que mi cuerpo sabe expresar a través de esa banda sonora de la calle. Bienvenidos al Red Bull BC One.

Me llamo Xak y he sido el vencedor nacional del Red Bull BC One 2014, el campeonato más reconocido y complicado del mundo del B-Boying con tres entradas por ronda. Ahora me aguarda la final europea. En el escenario no pienso en las opciones de éxito, lo habitual es que no conozca a los rivales. Únicamente me preocupa estar mejor preparado que mi adversario, aunque finalmente la victoria depende del criterio de los jueces.

Durante mis once años de carrera he aprendido a abstraerme de la opinión de jueces y público. Me acostumbré a ser juzgado aunque no siempre comparto las decisiones de ambos. El público no suele captar la personalidad o la creatividad de un bailarín, únicamente aplauden los giros rápidos. Por ello, no me molestó ganar con la gente en contra en el BC One de este año, además, ese apoyo era para un B-Boy de mi grupo, la Arcopom granadina, que es realmente talentoso. No esperaba ganar porque nunca me ilusiono con nada para evitar después la decepción.

Mi vida cotidiana es un despacho de abogados en el que ejerzo la abogacía en Granada. El resto del tiempo lo dedico a entrenar y perfeccionar mi estilo. El baile supone superación y no tener más rival que uno mismo. Le dedico 4 ó 5 horas diarias durante 5 días a la semana.

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Recuerdo un día de 2003 en el que un compañero de clase se puso a hacer swipes. Fue impactante. Quería saber qué era aquello y de donde procedía. No he parado de documentarme sobre el asunto desde entonces. Intento unir mi cuerpo con los impulsos que la música produce en mis oídos aunque si tratase de expresar algo sería pasión. Yo soy mi único enemigo y trato de no dudar ni flaquear. No me dedicaría profesionalmente a ello porque no quiero vivir del baile sino vivir bailando. Es una cuestión de amor, no de dinero.

Pertenecemos a la cultura del Hip Hop compuesta por cuatro pilares: Rap, B-Boy, Dj y Grafitti. Se trata de algo que nace del corazón de gente pobre y marginal sin recursos. El Breaking les ha dado la oportunidad de crear su propios elementos y la propiedad sobre algo que no les puede quitar nadie. En los barrios el Break Dance era una válvula de escape de la dureza de la vida en las calles. Afortunadamente, hoy en día la gente vinculada a la cultura HH son personas que ya no viven en medio de tantas penurias y son medianamente felices. Esto ha provocado que pasen desapercibidos diversos valores primigenios de la cultura aunque la esencia siempre perdura. El Break es el arte más complejo de todos. Significa constancia, coraje y corazón.

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Me llamo Break Bern y vengo desde Barcelona. Bailo habitualmente con love4this o Electroduendes. Ser un B-Boy es auto-disciplina, esfuerzo, ayudar, enseñar y aprender. Entreno dos o tres horas al día para perfeccionar mi técnica. En el fondo, el Breaking es el descubrimiento de uno mismo. Empecé a bailar tras ver varios youtubes y gracias a una chica que me mostró donde podía aprender a hacer lo que había visto. Cuando bailo trato de expresar buen rollo y demostrar el esfuerzo constante de siete años y medio de carrera.

Me enrolé en el BC One para darme a conocer en el mundillo y tener una excusa para entrenar más y mejor. No todos los días tienes la suerte de juntarte con personas dispuestas a compartir cosas de tu modo de vida . Una gran experiencia que espero anticipe un futuro donde tenga la oportunidad de aprender lo máximo, escuchar y contar historias, compartir mis conocimientos y que otros me presten los suyos.

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Todo en la cultura HH se basa en eso, en compartir. El B-Boying se fue moldeando en las calles de los barrios. La precaria situación en la que se encontraba aquella gente propició una intensa vida social en la calle. Los niños no iban a la escuela y pasaban su tiempo libre a la intemperie. Esta circunstancia provocaba que la pertenencia a un barrio determinado supusiese poder. Cada grupo de amigos tenía su zona de baile y buscaban continuamente nuevos rivales que retar. Nunca faltaban. A escasos cinco bloques de tu ubicación podías encontrarte otro grupo de baile muy diferenciado del tuyo aunque dentro del mismo barrio.

Los años han ido cambiando la perspectiva y la calidad de vida en los barrios ha aumentado dejando atrás la actividad frenética que definía las calles de esos lugares. Los B-Boys y B-Girls se encuentran ahora en zonas de entreno más grandes y esta mezcla provoca que se generalice más el estilo de una ciudad o de incluso un país antes que el de un barrio concreto, como sucedía antes. La situación define mejor lo que es una ciudad desarrollada en el siglo XXI aunque tengo amigos en América Latina que me confirman que allí aún existen esas diferencias irreconciliables entre los estilos de los barrios.

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Me llamo Elihú y también provengo de la mítica formación granadina Crew Arcopom. He dedicado mi vida al Breaking desde que siendo un crío lo descubrí por televisión. Para mí es un estilo de vida y un arte. Crecí fijándome en esos movimientos que parecían imposibles de realizar más allá de la pantalla. Una vez dentro te das cuenta de que se trata de una cultura nacida en los barrios donde la gente se conoce y comparten todo lo que tienen.

Un buen día conocí a quien sería uno de mis mejores amigos y compañero de baile. Juntos decidimos poner a prueba nuestro cuerpo y atrevernos con aquello que tanto nos había impactado. De esa forma iniciamos el estilo de vida que hoy mantenemos.

Mi tiempo gira en torno a este movimiento. Me queda poquito para quedar con mis amigos, ir al cine, leer… El resto de la semana lo dedico por completo al Breaking. Leo e investigo sobre ello, me relaciono con gente interesada en el tema y me reciclo buscando nuevas ideas. Es algo a tiempo completo puesto que es mi profesión. Ser profesional no supone tan solo machacar el cuerpo en el entrenamiento, el trabajo más importante se hace en casa. Es entonces cuando recreas movimientos que has hecho y creas nuevos, también ves shows de cualquier tipo de baile o incluso documentales de animales que inspiran futuros pasos.

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Me considero nómada, no suele estar más de seis meses en un mismo lugar y es algo que debo exclusivamente al baile. El reto con el rival siempre es pura diversión donde tratar de mostrarte lo que llevas dentro. Es una forma de expresión personal. Cuando adquieres cierto nivel no existe adversario bueno ni malo, sino estilos diferentes.

En el BC One buscaba el reconocimiento necesario para seguir viviendo de mi pasión. Me han quedado muchas ganas de volver a intentar ganarlo. En otras prestigiosas competiciones llevo compitiendo 7 u 8 años, ganando en ocasiones y perdiendo en otras. Cada año hay gente nueva o la misma pero con nuevos movimientos. Nunca es la misma competición aunque tenga el mismo nombre. Tras el concurso regresaré a Titanium, una compañía de flamenco que lo fusiona con Break -Dance, y con la que espero poder viajar mucho.

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Me llamo Chimbo y vengo de los Hijos de la Santa de Santander. Considero el B-Boying un estilo de vida basado en el entrenamiento, el esfuerzo, la superación y la música. Entreno cada día, mañana y tarde, tratando de encajar las horas que deja libres el trabajo. Vivo en un barrio obrero a 10 kilómetros de la ciudad donde la escena Hip Hop no está muy desarrollada.

El Break es la esencia de mi vida por el simple hecho de que no necesita nada más que a ti mismo para que pueda existir. Fue creado por unos niños sin recursos que únicamente buscaban divertirse y eso es lo que hace única a esta cultura. Entré en ella tras algunos años en el graffiti. Fue entonces cuando conocí a un chico que se mudaba desde otra ciudad y comenzamos a bailar. Aprendimos a dejarnos llevar por la música y a expresar lo que sentíamos en cada momento.

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A lo largo de mi trayectoria he podido batirme con gente como VO, Serrock, Soul Flavas o Chino de Fusion Rokers. Me encantaría ganar a los mejores pero prefiero pasar un buen rato con ellos y aprender compartiendo. Los retos entre bailarines son eso, diversión y puro vacileo, aunque dependen de la mentalidad y el estilo de cada B-Boy.

Llegué al BC One con ganas de adquirir experiencia y pasarlo muy bien. Volveré para intentar ganarlo mientras entreno para crecer y mejorar. Mi objetivo fundamental en este momento es ser constante y centrarme en el baile para poder evolucionar.

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Me llamo Mandarina y vine al BC One Cypher desde Badajoz representando a la crew de los Electroduendes. Bailar representa mucho esfuerzo, constancia y una absoluta dedicación. Entreno entre tres y cuatro horas durante cinco días a la semana. El resto del tiempo hago una vida normal pensando en cosas relacionadas con el Breaking.

Le debo mucho al baile o así lo veo yo. Gracias a él he podido encontrar gentes, lugares y experiencias. Descubrí el B-Boying durante una exhibición en la plaza de Badajoz en 2004. Flipé con lo que estaba viendo ante mis ojos. No entendía nada de lo que sucedía pero me logró transmitir sensaciones realmente increíbles. Con el tiempo he sido capaz de expresar con mi cuerpo algo similar a lo que yo sentí aquel día.

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Por el camino he podido enfrentarme a gente como Lilou, Brahim, Marcio, Bebe o Chey. Esto es una forma de vida que hasta que no estás muy dentro no sientes lo que es en realidad.

Me encantaría dedicarme a ello profesionalmente y esperaba ganar el concurso. No pudo ser, me quedé en semifinales. Ahora toca seguir entrenando y probar suerte el año que viene. En un futuro espero poder vivir de esto todo lo que pueda y aprender de los que me rodean.

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Me llamo Extremo y llegué al BC One desde Zaragoza. Formar parte del Breaking es integrarse dentro de la cultura Hip Hop y tener la responsabilidad de representar su baile original. Hay mucha gente equivocada respecto a este movimiento y debemos enseñarles de qué va todo esto. Y no va de otra cosa que no sea vivir la vida sin perder la ilusión. Siempre seremos niños de corazón.

Mi novia es bailarina y vivimos juntos. No me queda otra que invertir todo mi tiempo en el baile y la música, lo cual me encanta. Mi entrenamiento físico ocupa 3/4 horas al día, 4 días a la semana. Siempre se debe intercalar algún día de descanso para que el cuerpo pueda recuperar. El Breaking se ha pasado 17 años siendo mi verdadera pasión.

Me quedé enganchado a él desde el principio. Fusionaba todo lo que me gustaba: Baile, acrobacia y Hip Hop. Bailaba solo en casa o en el parque tratando de imitar lo que veía en flashes de vídeos musicales. Unos meses más tarde me enteré que los Zaragoza Elektro Breakers bailaban en un pasaje. Me acerqué hasta allí intrigado y así comencé a bailar con ellos. Desde entonces, no me han abandonado esas ganas de sentir la música de los pies a la cabeza ni de transmitir mi energía a cualquiera que me esté mirando. Siempre trato de trasladar al espectador mis sentimientos.

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El desafío con otro B-Boy siempre requiere una actitud agresiva y confiada. Intentas demostrar ante todos que el que tienes en frente no es mejor que tú. Son duelos muy divertidos y es una de las experiencias más gratificantes que nos reporta el B-Boying. Junto a mi grupo Addictos tuvimos la suerte de enfrentarnos en una semifinal en París a un Dream Team de USA que en aquel 2001 incluía a todas mis inspiraciones: Poe One, Remind o Reveal. Sentí algo increíble aunque no me gusta enfrentarme con ellos con jueces de por medio. Prefiero aprovechar este tipo de ocasiones para poder compartir conocimientos con bailarines de talla mundial. No obstante, me gustaría combatir con gente como Cloud, Alta, Poe One, Kamel o Ducky.

Afortunadamente me dedico a mi pasión desde hace años. Me ha ido bien y ahora cuento con mi propia compañía, Circle of Trust, imparto clases, compito y soy juez en eventos internacionales. Tuve la oportunidad de juzgar varias finales mundiales del BC One y de participar en el primero de ellos y en el Europeo.

Este año vine al BC One Cypher sin una mentalidad de victoria. Me apetecía batallar y bailar en el corro de los mejores del panorama nacional. Es un marco ideal para demostrar a los más jóvenes que la edad y la experiencia traen consigo una evolución y una madurez del baile. Ese refinamiento demuestra que no es necesario para ganar lanzar una serie de sets con movimientos acrobáticos no improvisados en lugar de mirar dentro de nosotros y expresarnos realmente mediante la música.

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Sabemos que detrás de nosotros hay un movimiento imparable del cual somos honestos embajadores. Lo importante es que muchos chicos son capaces de encontrar alternativas a lo peor de la calle. La cultura HH les une a algo que ayuda a desarrollar su faceta más creativa y a alejarles de otras tentaciones más peligrosas.

Ellos son los últimos representantes de la cultura de la calle. Los B-Boys viven en medio de un universo de compañerismo, respeto y superación alejados del mercantilismo del arte convencional y de la ambición ególatra del artista. Sus piernas sobrevuelan la ciudad tratando de ser más hábil y más creativo cada día mientras escapan de otras realidades sociales más duras. El baile mide la temperatura de la calle y declara en voz alta que el verdadero talento reside en los barrios. ¡Larga vida al B-Boy!

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