Terciopelo Negro

Slim

La poesía se halla, en ocasiones, en lugares sórdidos. Se disfraza de personajes malévolos que anhelan cada noche cruzar la frontera del mundo de las sombras. El alma de las palabras puede brillar de pura maldad pero no oculta los latidos de un corazón ardiente buscando que alguien le abrace esta noche. Entre lunas solitarias los versos claman redención o quizás buscan una excusa para seguir adelante sin mirar atrás. Los dones del hombre no suelen ser concedidos por la gracia de una gentil musa. No existen brotes psicóticos de erudición literaria sin motivo. Es una llamarada vital quien enciende el talento innato del genio enloquecido por la crudeza de la vida. Ante el designio divino de las virtudes nadie puede oponerse ni generar lo que crean los virtuosos. Por eso quizás, se pueda perdonar lo aborrecible a quien narra el infierno del ser humano con suma elegancia y sofisticación. Quien tiene el don de advertir de la belleza de la decadencia se convierte en gurú y sus letras en pura veneración. Realismo callejero disfrazado de dandy. El genuino chulo de putas desnuda esta noche los encantos de la ciudad para ti. ¿Te atreves a seguir sus tenebrosos pasos?

Robert Maupin Beck nace un reluciente 4 de agosto de 1918. El calor reina en Chicago y en alguna esquina unos niños despreocupados silban un viejo Blues. El nacimiento del pequeño Robert responde a la determinación de una mujer. Su madre Mary Jane resiste los envites de un hombre que pretende deshacerse de su simiente poco después de adivinar el estado de su esposa. Su advenimiento no calma a su progenitor que solicita el ingreso del pequeño en una entidad católica. Contando con escasos meses de vida, su entorno se ve envuelto en las revueltas de 1919 en Chicago. Las produce el supuesto delito cometido por un chico negro que comete la gran osadía de bañarse en un lugar reservado a blancos. Los disturbios transforman la ciudad en un infierno de represión policial y sangre negra. El pequeño Robert crece en un hogar sin cariño. Sus tres añitos no impiden a su padre agredirle contra la fría y dura pared de la cocina familiar.

El cabeza de familia se marcha de casa tras ese triste encontronazo. El hecho, obviamente, marca la vida de Robert. Mary se convierte en padre y madre a la vez. Trabaja en una peluquería frecuentada por proxenetas y fulanas. El pequeño sienta sus inocentes cuatro años en una silla donde admira la elegancia desorbitada de los chulos. Comienza a soñar con esos trajes relucientes y con abrigos de visón. Con el fin de conseguir compaginar vida familiar y laboral, su madre le deja al cargo de una terrible institutriz. Los niños nunca olvidan a sus niñeras. Recuerdo perfectamente la oscuridad húmeda y olorosa y los pelos de cepillo que me hacían cosquillas en la cara. Aunque lo más difícil de olvidar es el pánico en el momento del clímax cuando apretaba mi cabeza con más fuerza si cabe entre aquellas fauces peludas. Robert pasa sus primeros años de vida sometido por una mujer que le descubre las mieles y los sinsabores del sexo. Robert es tempranamente consciente del poder que tiene la cama en la vida de las personas. Un buen día su estrella cambia.

También te puede gustar