Entre la Crítica y el Cortejo [1]

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Hace poco recogí de un libro una idea sobre la que estamos condenados a volver una vez y otra los que nos dedicamos de alguna manera a esto del arte. El libro en sí es el Diccionario de las artes, de Félix de Azúa, y concretamente en el apartado reservado a la abstracción (A) donde se menciona la sensibilidad de algunos pintores para los cuales cada color es un personaje con sus preferencias, sus debilidades y sus añoranzas, pequeños entes encerrados en un tubo, los cuales, llegado su momento, son capaces de realizar cosas excepcionales. Luchar por un alto ideal. Se refería principalmente a Kandinsky y así como de rebote, a Rothko y a Mondrian, aunque con menos pasión, se ha de decir.

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Con esta afirmación, colateralmente, y aquí viene la idea (la cual estoy seguro que Azúa no rechazaría) es que existían unos pocos altos ideales para los cuales la pintura representaba y encarnaba el único camino por el cual se llegaban a alcanzar. No existe nada fuera de la circunferencia que pasa por los tres puntos que son el pintor, la pintura y el lienzo, que pudiera dar caza a esos ideales tan serios que exigían la propia vida del pintor. Sólo quedaba dar vueltas y vueltas hasta que se agotaba la salud. Eran tiempos en los que el arte se jugaba en campos pequeños, en pequeños escenarios, y cualquier persona con esa sensibilidad especial y tiempo podía dar con un filón realmente importante. Ahora, imagínense un hombre perdido en un pequeño pueblo de la Provenza, con unos cuantos personajes entubados, tratando de alcanzar los más altos ideales y que alguien no sólo tome en consideración su esfuerzo, sino que además lo siga en sus aspiraciones y que esa estela se adjunte a la Historia del Arte. Parece cosa de locos. Personas como estas, hoy,  las hay por todas partes, y sólo a los mejores y más dotados se les incluye en los catálogos de Art Brut. Locos hay a patadas.

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Ya no pueden existir soldados amarillo limón, comandantes rojo carmín, señoras negro marfil ni campesinos ocre tostado esperando su oportunidad para entrar en la Historia. En el propio camino de autodescubrimiento, la pintura ha abandonado a la pintura para unirse a una banda organizada (crews) de artes que guerrean entre sí con ocasionales alianzas para alcanzar el Arte. Nadie sabe si ese camino de pérdida sucesiva de sus cualidades endémicas hasta el agotamiento total, viene a ser el equivalente a la adolescencia o a la senectud de la pintura (y del Arte). Los franceses, sobre todo, han venido siendo muy partidarios de la segunda opción, mientras los hay también que esperan con ansia el segundo advenimiento del Arte.

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De momento, lo que sabemos es que el arte se juega en grandes estadios y la pintura tradicional no tiene sitio ni en el banquillo. Da igual la escuela de Leipzig, los últimos ultrarealismos, o lo que sea, da la sensación de que cualquier cosa que se pueda pintar, puede también fotografiarse, infografiarse, escribirse o performatizarse. En cuanto a los altos ideales…

Sobre este asunto de la pintura y el arte , con algo de moderneo, va a tratar esta sección: alta cultura avec pure white trash. Seguro que os mola.

Miguel Retamero

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