La gran depresión

Ian Curtis

Es una mala época para estar deprimido. La música actual ha interiorizado un positivismo inerte que refleja únicamente las bondades de la vida y que no responde a las preguntas más elementales que se plantea el hombre del siglo XXI. Los autores se han convertido en marionetas dirigidas por conglomerados de Marketing que maximizan sus beneficios. Nadie se da cuenta de que en este momento una lágrima es mucho más poderosa que una sonrisa falseada. La música que nos venden no es consecuente con el mundo cambiante que le rodea ni toma partido. Llorar y vocear es, hoy en día, incompatible con buenos contratos publicitarios y pingües beneficios de royalties pero dignifica una profesión carente de nuevos iconos. Nada que ver con tiempos pretéritos donde algunos seres con una superior sensibilidad demostraron que la tristeza poseía una vertiente más humana y cercana a la realidad que el brillo y el falso glamour que nos rodea.

Un niño introvertido ve la luz del día por primera vez en el extrarradio de Manchester. Ian Kevin Curtis nace en el Memorial Hospital de Stretford un 15 de junio de 1956. Sus padres pertenecen a la, por entonces, orgullosa clase obrera británica. El joven Ian se cría en Hudsfield, un barrio de humildes y honrados trabajadores del sudoeste de Cheshire. Las secuelas de la II Guerra Mundial aún perdura entre los habitantes de la isla y su juventud transcurre entre malas notas en el colegio y continuas conversaciones familiares acerca del Reich y sus desmanes. Estos debates trasnochados fascinan a un joven Ian Curtis que se interesa profundamente en los acontecimientos históricos sucedidos entre 1939 y 1945.

La literatura invade su vida con 12 años. Le interesan los poetas malditos de vida nocturna y duras experiencias. Kafka, Ballard o Burroughs se convierten en sus referentes vitales. Ese mismo año ingresa becado en el King’s School. Su talento natural y su manejo de la literatura y la filosofía le confieren un cierto don de gentes. Ian no le presta mucha atención a su don y se refugia en sus libros y en la música. Busca una evasión espiritual debido al rechazo que le produce su entorno. Escucha a Jim Morrison aunque quien le cautiva es Iggy Pop. No le hace ascos a David Bowie, a la Velvet ni a Roxy Music. El chico se convierte en un personaje extraño; huraño por momentos, siempre diferente, y ocasionalmente, genial. Sueña con ser un brillante poeta que narre la idiosincrasia del ser humano desde un punto de vista pesimista.

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La resaca del hippismo deja desencantada a toda una generación que busca nuevas propuestas a los problemas sociales que ciertas reconversiones industriales comienzan a crear. Se hace adicto a los tranquilizantes con apenas 16 años. Edad en la que sufre una sobredosis de Largactil. Padece recurrentes episodios epilépticos y un principio de agorafobia.

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  • JS

    Gran Artículo, si señor.