Más allá del spot

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Falacia #1 del mundo artístico: El sufrimiento otorga el talento, la genialidad. Es fácil pronunciar excusas como ésta cuando es el talento ajeno el que soporta la dura carga de la exclusión social, el dolor del desamor o la soledad y el efecto de los opiáceos corriendo por sus desgarradas venas. Occidente suele detestar la sensibilidad, perdida en las batallas de sus guerreros homéricos, y disfruta desmembrando el espíritu de aquellos cuya visión del mundo se mide con impulsos y sensaciones en lugar de con codicia y cifras. Por ello, nos vanagloriamos de ese sufrimiento espiritual que concede la genialidad artística. Y esa dejadez existencial nos lleva a recordar la canción de un anuncio de refrescos sin preguntarnos lo que hay detrás de sus letras picantonas, desconociendo que los accesos al Olimpo son amplios pero su puerta de atrás lo es más.

En 1938 el New Deal no es más que un tractor averiado que no acaba de arrancar y en Europa se cuece a fuego rápido el futuro del mundo. No es una buena época para nacer. No obstante, Los Ángeles observa ensimismada el advenimiento de Jamesetta Hawkins. Una rechoncha niña mulata en medio de un país dominado por hombres blancos y protestantes. Su llegada al mundo es el resultado de una inconsciente aventura entre una adolescente negra de 14 años y un varón anónimo y caucásico. Etta fantasea argumentando que su padre es Rudolf Minnesota Fats Wanderone, un afamado jugador de billar inmortalizado por la película The HustlerEl buscavidas– de 1962, en la que el supuesto padre de Jamesetta es interpretado por Jackie Gleason. Nunca se llegará a demostrar su supuesta paternidad.

La señora Hawkins se embarca en diversas relaciones amorosas tras el parto. Sin mucho interés por su primogénita decide buscarle un hogar de acogida. Su madre adoptiva se vuelca con ella. A pesar de que las relaciones interraciales y sus descendientes se consideran inadmisibles entre la sociedad americana, su más tierna infancia transcurre sin grandes sobresaltos. Se convierte en la principal atracción del coro baptista de Saint Paul en Los Ángeles. Su madre se muda a San Francisco. Jamesetta tiene 5 años y cuenta con el apoyo adicional de James Earle Hines, una estrella del Gospel que graba para el sello Modern Records. Le enseña a trabajar la voz y le advierte de los peligros de la industria musical. Pero la vida de Jamesetta Hawkins nunca es fácil y con seis años entierra a su madre adoptiva.

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El suceso le conduce a abandonar el coro y su custodia recae en sus abuelos. El rol paterno lo asume a su manera el abuelo de la criatura. Una de sus aficiones consiste en despertar de madrugada a su nieta para que su melosa voz sirva de entretenimiento a sus amigos ebrios. Las experiencias con los hombres de su infancia o su ausencia marcan el carácter de la joven Etta. Su único apoyo en aquella casa es su abuela. Tras la repentina muerte de ésta, Dorothy Hawkins, – su madre natural – regresa para hacerse cargo de ella y se la lleva a San Francisco.

En su nueva ciudad, Etta comienza la adolescencia sin la supervisión de un adulto. Le fascinan la noche y los ambientes delictivos. Poco a poco se va forjando la ilusión de ser una estrella del pop, a imagen y semejanza de su ídolo juvenil, Billie Holliday. Su primera actuación pública se produce en cadenas de radio locales interpretando canciones prestadas. En el instituto y con 14 años funda su primera banda. Se trata de un trío doo-wop bautizado como The Creolettes. Jamesetta se convierte en vocalista y es escoltada en el escenario por las hermanas Mitchell, amigas y confidentes de la incipiente diva.

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La carrera de las tres colegialas despega aunque ellas lo ven como un divertimento más. Poco tiempo después de su debut introducen temas propios que completan los covers de R&B que suponen el grueso de su repertorio. Descubren el significado de las palabras tugurio y animador sociocultural. Intercalan actuaciones en locales de mala muerte y en celebraciones familiares. La madre de Etta se opone a su nueva vocación alegando que la doble discriminación, tanto sexual como racial, a la que se expone se la llevará por delante. Todos tenemos un momento de lucidez como éste durante nuestras vidas aunque Etta ya es una mujer independiente en busca de su propio destino y sólo ve ante sí la ocasión de vivir el alocado estilo de vida de la boheme. Desoye el consejo. Quiero ser tan extraña y exótica como una corista del Cottom Club.

Es 1954. Las chicas asisten en primera fila al directo de la Johnny Otis Band en el Fillmore Ballroom. Las Creolettes han sublimado su estilo dejándose influenciar por Dinah Washington, la destrozalistas de la década, y en mayor medida por el Gospel guitarrero de Sister Rosetta Thorpe. Le solicitan a Otis una audición. Él acepta encantado. Johnny Otis tiene tanto talento como pasión por las mujeres bonitas. Es conocido por su ojo clínico para captar futuras estrellas.

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Escucha con devoción una versión de Hank Ballard & The Midnighters que las chicas habían rebautizado como Roll with me, Henry. Otis no oculta su estupefacción. Tras la última estrofa de la canción decide representar al trío. En ese momento tiene un contrato con Pearock Records y su primera intención es integrar su nuevo proyecto en la estructura del sello. Algo que ya había hecho con éxito en el caso de músicos como Big Mama Thorton. Sin embargo, se encuentra muy desencantado con el dueño de la discográfica Don Deadric Malone Robey. Otis pide más royalties y espera a que su contrato finalice semanas más tarde. Finalmente, las Creolettes firman por Modern Records bajo la tiránica supervisión de Johnny Otis.

La banda pasa a llamarse The Peaches y nace Etta James. La ocurrencia se la debemos al propio Otis y a su juego de palabras con el nombre de Jamesetta. Durante la grabación les acompaña la Johnny Otis Band al completo. Otis le pide al productor Robert Berry que cambie la textura de Roll with me, Henry. El resultado es un Rock’n Roll clásico con unas letras tan subidas de tono que escandalizan a la disquera. La naturaleza sexual del tema queda mutilado, en parte, y el título definitivo pasa a ser The Wallflower. A pesar de ello se cuela entre los primeros puestos de las listas R&B y supone un éxito rotundo. Muchos auguran una carrera en ciernes directa hacia el Olimpo.

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Las drogas llaman a la puerta de la joven cantante. No tardan mucho tiempo en entrar en su vida. Inicia un romance con la cocaína y la heroína. Etta detesta las jeringuillas aunque eso no le impide degustar diversas sustancias prohibidas. Apenas tiene 18 años. Meses después Etta regresa como solista al estudio de grabación. Otis confía en el arreglista Maxwell Davis y aparta a James de sus viejas amigas. Sus nuevas compañeras resultan ser The Dreamers, un prometedor grupo coral.

La soledad visita a una Etta apartada de sus principales apoyos y se refugia en amores de una noche, alcohol y en sus escarceos con las drogas. Graba Hey Henry, Good Rockin Daddy y Crazy Feeling. El acceso a las listas no le es esquivo pero su carrera se estanca y cae en un olvido sorprendente. Otis la pasea por los locales de peor reputación de la costa oeste. Su generosidad se reduce a 10 dólares por actuación. Una cifra muy poco útil para una adicta a la heroína.

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En 1960 el gran público descubre el Soul mientras Etta vive en un motel mugriento compartiendo habitación con una amiga. Ese año su vida cambia. Se enamora de Harvey Fuqua, líder de Monglows. Los hombres tienen siempre un papel capital en la tortuosa vida de Etta. Al mismo tiempo firma por Argo, un subsello de la discográfica Chess y lanza All I could was cry, un hit instántaneo.

Su nuevo amante le presenta a Leonard Chess, un inmigrante polaco fundador de un sello de Chicago que había apostado fuerte por mitos como Chuck Berry o John Lee Hooker. Chess la visita en su habitación de motel. Se percata del potencial y la versatilidad de aquella voz atrapada en aquel lugar indeseable. Decide convertirla en su diva. Al fin, Etta se aparta de Ottis. Amaina el temporal y ella se encuentra protegida en brazos de Fuqua y auspiciada por Chess. Conoce a las grandes celebridades de la época al tiempo que se convierte en una estrella.

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Graba baladas destinadas al #1 de las listas como Trust in me. Surge At last, un libro abierto acerca de su experiencia amorosa con Fuqua y uno de los temas que la conducirán a la inmortalidad. Lanza al mercado grandilocuentes sesiones de Jazz y un incendiario directo bajo el título Etta James Rock The House. Sus dúos con su pareja en el escenario y fuera de él provocan momentos sublimes. Forman una pareja envidiable, símbolo del éxito del Blues. La fortuna les sonríe durante un breve espacio de tiempo.

A mediados de la década una noticia le desgarra el alma. Fuqua se casa con otra mujer y ella se abandona al amparo de los estupefacientes. Comienza a doblar sus dosis habituales y su talento creativo se resiente. Se refugia en romances fugaces que se aprovechan de su herida abierta. Cae en picado aunque ante el público se presenta como una mujer vitalista sin pelos en la lengua.

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Chess la convence para que viaje a Alabama para grabar con los músicos blancos de Muscle Schoals, custodios de viejo swing. El resultado no puede ser mejor. I’d rather go blind se convierte en un himno de los 60. Conoce y se deja influenciar aún más por Ray Charles y Pe Wee Crayton. Pero los 60 no iba a ser su década y en 1969 muere Leonard Chess. El suceso le afecta de tal manera que inicia una etapa depresiva.

La vida de Etta se convierte en una espiral de amistades peligrosas, acompañantes de alcoba, soledades de madrugada, detenciones e idas y venidas de centros de desintoxicación. La autodestrucción como justificación existencial. Sin más futuro que la siguiente raya. La decadencia de una diva nunca fue tan pronunciada. Mi vida es un periodo triste seguido de otro más triste.

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Durante los primeros 70 trata de sobrevivir versionando temas pop de bandas como los Eagles cuyo estilo le hace un flaco favor. Actúa en locales con aforo muy limitado y en festivales minoritarios de Blues. Su voz desgarrada por el dolor y su inmensa tristeza tratan de reverdecer viejos laureles pero se encuentran con la eclosión de la música disco. El disco es el rey y yo no quiero ser como Donna Summer. Corre el año 1973 cuando un juez le ofrece dos salidas; cárcel o desintoxicación. Etta elige la segunda opción. Pasa varios meses en un hospital psiquiátrico. Purga sus adicciones y el resultado es Only a fool, un álbum delicioso que es nominado al Grammy pero pasa desapercibido para el gran público. Los 70 se consumen con la intensidad del humo de un cigarrillo. Etta continua grabando excelentes discos sin repercusión alguna mientras mantiene el estilo de vida de un yonki. En 1977 termina su contrato con Chess. Su última aportación es Etta is betta than Ewah, un LP con catastróficas críticas.

Olvidada por todos, un año más tarde, un viejo admirador le tiende una mano. Keith Richards le ofrece ser la telonera de los Rolling Stones en su mítica gira americana del 78. Su participación en el tour de los Stones la resitúa en el mapa y firma por Warner. Con su nuevo sello graba Deep in the night, uno de sus must. El álbum es producido por su admirador Jerry Wexler. Tras esta experiencia deja aparcada las drogas y comienza los 80 un tanto alejada de los focos aunque visita con cierta frecuencia los estudios de grabación. Participa en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84. Aún mantiene viejas y escasas amistades.

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Se casa con un misterioso hombre a mediados de la década, del que no se conocen muchos datos. Es heroinómano. Ella se entrega plenamente a él y se reengancha a la heroína. La intensidad de su adicción es inferior a la de sus etapas de gloria adictiva. A pesar de ello ingresa en el centro Betty Ford en 1988. Tras el paso por sus instalaciones abandona las drogas y es contratada por Island Records que lanza Seven years Itch, logrando reconducir su carrera con 50 años. Su incipientes problemas de salud y de obesidad no minan su determinación.

Durante 1992 ficha por Elektra, el sello que apostó por Morrison 25 años atrás. El disco Right time termina por relanzar la carrera de Etta. Amadrina diversos organismos que luchan contra la adicción a las drogas. 1994 se convierte en un año clave en su vida. Elektra la convence para publicar un álbum homenaje a su ídolo de antaño, Billie Holiday. El resultado es Mistery lady, donde a pesar de no contar con la fuerza de sus mejores interpretaciones cierra un disco muy recomendable. Durante la grabación hace un receso para recibir el honor de ingresar en el Rock ‘n roll hall of fame. Gana su primer Grammy.

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Antes de finalizar 1994, Coca-Cola decide incluir su I just wanna make love to you en el spot de lanzamiento de su nueva gama de refrescos bajos en calorías. La canción, original de Muddy Waters y versionada también por Chuck Berry o Foghat se convierte en un éxito instantáneo alcanzando el top 10 del Billboard de 1995 en el Reino Unido. Los músculos de un obrero y la estupefacción de unas oficinistas de vida vulgar logran tal impacto que borran la carrera de Etta James entre el gran público, pasando a ser la voz de aquel recordado anuncio. Peculiar y maquiavélica forma de premiar una carrera olvidada de cuatro décadas. Nunca había logrado un éxito similar desde los años 60.

En 1995 publica unas descarnadas memorias tituladas Rage to survive: The Etta James Story, donde no se corta en narrar con pelos y señales los momentos más controvertidos de su biografía. Durante 1997 protagoniza una edición de la revista Rolling Stone donde dice no arrepentirse de nada. Un año más tarde, no le queda más remedio que maltratar las navidades con un álbum navideño.

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Sus problemas de salud se recrudecen en el nuevo milenio y desciende su actividad artística. En 2001 ingresa en el Blues Hall of Fame. Colabora con alguna de las divas de nueva generación, que no le llegan a la suela de sus lustrosos zapatos, como Cristina Aguilera. Otra de estas divas de extrarradio, Beyoncé Knowles afirma cumplir un sueño al interpretar a Etta James en Cadillac Records en 2008. Un film de discreta realización que se toma múltiples licencias con la vida de Etta, las cuáles le disgustan profundamente. Comienzan a producirse tiranteces y declaraciones cruzadas entre la protagonista de la historia y la de la película.

El clímax de esta disputa se produce durante el baile de gala de la Casa blanca en 2009. El mismo salón donde años atrás una bella actriz le cantaba un escandaloso Happy Birthday a otro presidente demócrata, es testigo del primer baile presidencial del matrimonio Obama. La canción elegida para la ocasión: el mítico At last de Etta. Beyoncé se apunta el tanto de interpretarlo al igual que le había robado la identidad un año antes en Cadillac Records. El hecho de que la obviaran de esta manera hiere de muerte el orgullo de Etta, que ese mismo año descubre que tiene leucemia. Una enfermedad terminal que se une a su vieja Hepatitis.

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Lucha denostadamente contra la enfermedad pero a pesar de ganar infinidad de batallas, la guerra está perdida de antemano. Habla acerca de su legado. Mi madre me decía que aunque una canción sea interpretada mil veces, cada músico deja algo de su alma en cada interpretación, eso es lo que espero haber logrado en mi carrera. A primeros de enero de 2012 se lanza The dreamer. El disco cierra de manera brillante su carrera y supone una oda al alcohol y al tabaco. El 17 de enero muere Johnny Otis, el descubridor de la diva.

Etta le acompaña tres días después, víctima de la leucemia. El 25 de enero hubiera cumplido 75 años. Su muerte provoca una oleada de dolor en el mundo de la música. A pesar de ello, ni descansando bajo tierra halla la paz. Sus hijos se pelean de manera encarnizada con su marido por motivos de herencia. Ella, aunque él la indujera a recaer en las drogas, lo tuvo presente en su testamento.

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El triunfo es un amante infiel que corrompe percepciones y abandona a sus huéspedes en una solitaria sabana para ser pasto de hienas sedientas de ambición y devoradoras de un talento frágil que busca redención y comprensión. Como Etta descubrió, muy a su pesar, no hay piedad en la cumbre y la caída es tan pronunciada que se lleva por delante a todos aquellos cuya debilidad se palpe a flor de piel. Ese es el concepto de éxito que asumimos. Enlatado en fabulosos anuncios y programas televisivos de famosos que viven como cortesanos de su propia corte. Un mal endémico de nuestra sociedad que condena al arte a la superficialidad y rebaja la vida del auténtico artista a un mercantilista dolor oculto. Quizás su recompensa sea la inmortalidad. Las obras suelen sobrevivir a sus autores.

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* A la memoria de mi padre.

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  • nereida

    Buen articulo dotado de dramatismo y con una introduccion con un critica perfectamente elegante.