Janet Echelman, imaginación y redes

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Janet Echelman era una artista frustrada. Tras graduarse fue sistemáticamente rechazada por siete escuelas de arte. Decidió pintar por su cuenta, hasta que logró una beca para la India. Montando una exposición allí, sus pinturas se extraviaron y nunca llegaron. Para poder mostrar algo, se fijó en las redes de pescar y en su proceso de elaboración, el mismo desde hacía miles de años. Así hizo su primera escultura de redes.

Se trataba de buscar la belleza en formas artesanales

Creyendo en su proyecto, realizó una malla de más de un millón de nudos que se expuso en Madrid, y allí, un arquitecto impresionado por su escultura le propuso crear una instalación permanente en Oporto, que resistiera el viento y el sol y que bailase al ritmo de la brisa. Para ello necesitó inventar una malla novedosa y resistente y se creó una estructura de 20 toneladas para sostenerla. De ahí nació She Change.

Oporto

Un nuevo proyecto que aceptó requería nuevas modificaciones técnicas. Con la escultura 1,26 en Denver, consiguió eliminar el acero de sus obras, creando formas más adaptables y sostenidas por los propios edificios, constituyéndose como parte del tejido urbano. Se trata de la plasmación del terremoto de Chile de 2010, que aceleró la duración del día en 1,26 microsegundos.

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La idea de Echelman es repartir estos «oasis de esculturas», por todo el mundo. Su tecnología, nacida de la necesidad, ha conseguido que sean totalmente adaptables, incluso a los rascacielos. Pero sus proyectos no se limitan a las redes. Actualmente trabaja para emplear un tipo de vapor que siga en tiempo real el paso del metro por una plaza de Philadelphia, o cubrir la pirámide del Louvre inspirándose en el cuadro «La Libertad guiando al pueblo» de Delacroix.

Todo se reduce a tomar en serio la imaginación.

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