Los retratos de Loretta Lux

Si miras a los ojos de un retrato de Lux el tiempo suficiente, una parte de tu alma se queda atrapada en él.

Suena a profecía, pero la verdad es que las obras de Loretta Lux no dejan indiferente a nadie. Esta artista convertida en fotógrafa tiene la fórmula del misterio. Los rostros prepúberes y pálidos que retrata persiguen al espectador desde el interior de la imagen como si estuvieran escondiendo un secreto terrible o como si vivieran un sueño mágico. Es imposible definir bien donde empieza la magia y donde acaba el misterio tenebroso de esos niños, que desde hace ocho años, Loretta retrata con su cámara y manipula a mano y a máquina durante meses para conseguir imágenes con ese efecto bipolar.

Cada uno que piense y sienta lo que quiera, Loretta deja abierto a la imaginación el significado de sus imágenes, aclarando solamente que no retrata a un niño en concreto sino que pretende hacer una metáfora de la infancia en general. Para Loretta los niños son «los modelos más honestos», de su naturalidad extrae ese realismo que luego ella se encarga de difuminar a través del ordenador llevándolo hacia las fronteras de lo surreal. Primero quita el fondo y lo reemplaza con un entorno tranquilo – un campo de hierba, un edificio abandonado,… Luego elimina cualquier objeto que ensucie la imagen, como un árbol o un juguete, por lo que el niño parece ser parte de un sueño.

«No me importa la fotografía tradicional», dice Lux. «Quiero más control.» Un «control» que ya le ha valido un Infinity Award for Art del International Center of Photography uno de los premios más codiciados en el sector del arte y la fotografía. Y es que vale la pena arriesgarse a observar estos retratos.

Loretta Lux, autoretrato.

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