Costa de Fuego: la tierra del metal

Cinco días después de terminar el FIB, Benicàssim acogió un nuevo festival, organizado también por Maraworld, pero destinado a un público totalmente diferente. Hablamos del Costa de Fuego, que congregó a unas 24.000 almas, para disfrutar de grandes grupos del panorama del heavy nacional e internacional. Marilyn Manson y Guns N’Roses eran, sobre el papel, los platos fuertes del festival, aunque las otras bandas, esas a las que se les reduce la tipografía en el cartel, demostraron que si tienen miles de seguidores por todo el mundo es por algún motivo.

El Costa de Fuego comenzó fuerte. Con Amorphis, los manchegos Angelus Apatrida y Satyricon los escenarios tenían el listón demasiado alto. Y comenzaron las noticias, rumores y desvaríos sobre las ‘rockstars’. Guns N’ Roses y su sandía cuadrada, y Marilyn Manson con su camerino negro, iluminado por un solo foco.

Vivido el ambiente que respira el FIB, cual resort balear pasado de anfetas, el Costa de Fuego es otra cosa. Quién haya ido a un festival heavy-rock lo sabe. Aquí también hay alcohol, y estupefacientes, pero se disfruta y se aprecia más la música que suena sobre los escenarios. Y no era raro encontrarte a las bandas fuera de la zona VIP, disfrutando también de los conciertos.

Por la noche venía lo fuerte, en el Jack Daniel’s Stage: Uzzuaïa y Vita Imana, en el escenario Black Bikini: Warcry, Paradise Lost y los italianos Lacuna Coil, y en el escenario principal, el Costa de Fuego: los míticos Barón Rojo y Obús, y los más esperados: Guns N’ Roses.

Imposible era ver a todos los grupos. Cuando unos comenzaban, otros ya llevaban un rato y los de allá, los de la carpa negra, no sonaban tan mal. Al final a descartar grupos, y algunos muy buenos. Una pena, son así los festivales. Nos arrepentiremos después. Como era de esperar, los asturianos Warcry demostraron que tienen un directo increíble. Y de ahí, al escenario grande.

Barón Rojo y Obús sirvieron de precuela, y que buena, a Guns N’ Roses, o mejor dicho a Axl Rose y esos tipos que tocan con él. Su concierto se hizo extrañamente pesado. Si te dicen Guns N’ Roses y tres horas y cuarto pagas, y a gusto. Pero el show nunca llegó a arrancar, aunque se vieran más fuegos artificiales que en la fiesta patria americana. Los no tan fervores de la banda fueron abandonado el concierto en beneficio de Lacuna Coil o los vila-realenses Killus. Otros ya se iban a descansar pensando en Marilyn Manson.

El segundo día de festival comenzó con fans corriendo a por la primera fila. Marilyn Manson era el culpable. Y nosotros fuimos al escenario grande a vivir todo eso. Abrió con los valencianos Noctem y su black metal aderezado con sangre sabor a ketchup.

Acto seguido salieron Architects, banda de metalcore natural de Brighton. Entre nosotros, no pegaban demasiado con los grupos que compartían escenario, pero eso no importo, y su concierto fue buen entretenimiento antes de In Flames.

Y tocó el turno de los suecos. Para mi, el mejor concierto que pude ver en todo el Costa de Fuego. Se les notó con ganas de pasárselo bien y eso se agradece. Cercanos al público y a los medios, con sus bromas habituales, y sobre todo, tocando con una potencia que ya les gustaría a muchos. Un consejo: aunque no te guste este tipo de música, ves a ver a In Flames si tienes ocasión. Merece la pena.

Nightwish fue la antesala a Manson. Un concierto correcto, que tuvo tantos efectos visuales y llamaradas dignos de una gala de Eurovisión. Y me temo que pocos puntos se llevaría. Por culpa de los fineses no vimos a Toundra. Lo que os decía antes, nos arrepentiremos después.

Por fin el anticristo iba a tomar el escenario. El mismo anticristo que tiene una mansión en Malibú y vive de versionar a Eurythmics. No pudimos fotografiarle, y no por temor a que explotara la cámara, sino porque su management no nos incluyó en los medios autorizados para retratarle. Reconozco que fue un momento curioso, como cuando vas a ver la nota de un examen y ves que tu nombre está entre los suspendidos. Pero volviendo con Manson, su concierto fue lo que tenía que ser. Si querías ver a Manson sacándose un moco, tocándose sus partes o su retahíla de gorros militares, era tu concierto. Aunque Manson consiguió comprarme, por un momento, con su versión de ‘Personal Jesus’ de Depeche Mode. Dirán que Marilyn Manson está de capa caída, pero sigue teniendo esa horda de fans, que se pintan, hacen colas de horas y lloran por una toalla usada de su ídolo.

Opeth coincidió con el concierto grande, y el grupo del novio de Pilar Rubio, también conocido como Hamlet, tenía que levantar a un público ya disperso tras irse Manson. Pero supieron darle fuerza, y se notó en el ambiente.

Después de eso me encontré en el escenario Black Bikini con Heights, un grupo que parecía salido del baile de fin de curso de un instituto americano. Tenían muchas ganas de darse a conocer, y vaya que lo consiguieron, a la segunda canción su vocalista ya estaba saltando encima del público.

Aunque El Pirata estuviera pinchando hasta poco después, podríamos decir que Cancer Bats cerró el festival consiguiendo llenar el cuerpo del público con las magulladuras típicas de un asistente a un concierto de hardcore punk. Gran concierto de los canadienses.

Y así terminó el primer Costa de Fuego, con más positivos que negativos, sabiendo que el año que viene volverá, demostrando que tiene buena acogida y que tan solo le falta eso: unos años para ser un festival referente a nivel internacional. Nosotros que lo hemos vivido, tan solo añadir que ojalá cuando finalicen los conciertos no se de por finalizada la jornada, sino que se añadan dj’s que amenicen al personal. Agradecer el trato recibido por la organización, siempre atentos y amables. Por cierto, la sandía cuadrada nunca apareció.

Fotos: Sara Gallego & Alex H. Poles (más fotos del Costa de Fuego: Año I en el blog)

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