La leyenda del asno

Ali Farka

La extraña sensación de mirarnos el ombligo cada día oculta la verdadera dimensión del arte. Todos aceptamos las cosas según el barniz occidental con el que están maquilladas. Entendemos el Blues como el canto de los esclavos negros en las plantaciones, sin querer entender de dónde provenían ni la cultura que nos legaron. El imperialismo cultural nos obliga a desterrar el origen de este tipo de cosas. Nos lleva a creer en John Lee Hooker, en BB King o en Robert Johnson como creadores del Blues, la semilla de la música moderna. Sin embargo, un puñado de artistas se empeñaron en demostrar que antes del delta del Mississippi existía otra cuna para nuestra música. Ni más ni menos que África. Ali Farka Touré era uno de ellos.

La región malí de Toumbuctú ve nacer a Ali Ibrahim Farka Touré en 1939. Es el décimo hijo de una familia noble, aunque ninguno de sus hermanos sobrevive a su infancia. Su padre muere en la II Guerra Mundial sirviendo en el ejército francés. La vida del pequeño Ali iba a estar desde muy pronto en la frontera entre el mundo terrenal y el espiritual. Una serpiente Ghinbala, especie vinculada con los dioses tribales de la zona, se le enrosca en el cuello. El niño se zafa de tan molesta carga y empieza a sufrir convulsiones epilépticas. Es trasladado a un poblado del país Dogón, una zona rica en tradiciones místicas. En ese momento, ingresa en un nuevo mundo.

Su madre comienza a llamarle Farka – asno -. Eso no significa ni mucho menos que el chico fuera lento. En la cultura malí, asno es sinónimo de constancia. «Soy un asno pero a mí nadie me domina», solía decir. Descubre su pasión por la música con poco más de diez años, en 1950. Es el momento en el que comienza a tocar el Gurkel, una especie de guitarra africana de una única cuerda diseñada para contactar con los espíritus. La musicalidad del instrumento es similar al de nuestras guitarras. Al mismo tiempo se interesa por el Njarka, un violín de características similares al Gurkel.

Farka joven

El linaje de su familia le impide hacer música. Los instrumentos y el derecho a tocarlos pasan de generación en generación formando castas similares a los gremios medievales. Él pertenece a la nobleza. A pesar de esta importante barrera su dedicación a la música le absorbe de tal forma que se niega a ir a la escuela por motivos artísticos. «El aprendizaje supone una especie de derrota que no tiene nada que ver con el arte».

Siendo un adolescente presencia una actuación en Bamako de Keita Fodeba, un virtuoso de la guitarra que le inspira a hacerse guitarrista. Se convierte en un autodidacta. Empieza a recopilar y adaptar tradiciones africanas a través de las técnicas aprendidas con el Gurkel.

Un grupo de bluesmen americanos visita Bamako. Es 1960. Farka tiene el privilegio de escuchar de primera mano la música de Ray Charles, Ottis Reading y John Lee Hooker. Le entusiasman. Cree que la música de Hooker tiene raíces africanas y empieza a explorar el género. Se gesta el Mali blues. El ritmo de las guitarras americanas es idéntico al de los tradicionales cantos africanos. Este hecho le lleva al propósito de demostrar que el Blues proviene de África.

Empieza su carrera en la banda Troupe 117, una formación financiada por el gobierno de Mali tras la independencia del país. Durante estos años perfecciona su técnica convirtiéndose en uno de los mejores guitarristas del mundo. Esta experiencia provoca que contradiga una de sus máximas y comience a estudiar la carrera de ingeniero de sonido. Una profesión que ejerce hasta 1980 cuando tiene el dinero suficiente para instalarse como granjero en Niafunké, la aldea en la que creció. Poco antes había tenido una frustrarte experiencia en Francia durante la grabación de un disco que nunca salió a la luz. La escasa atención que recibe en Europa propicia que decida volver a su pueblo.

El Blues de África

A su regreso, Ali continúa su labor de recopilación de música nativa logrando un gran reconocimiento en África Occidental. Utiliza diez idiomas diferentes en sus composiciones que aglutinan todos los dialectos de la zona. Crece el número de seguidores de Farka y su trabajo se convierte en un gran tesoro cultural. En Occidente se le empieza a ver como a un icono del Blues. Vive plácidamente en su aldea cuando en 1990 decide abandonar la música para dedicarse por completo al agro. «Entre la música y el campo prefiero la agricultura. Hay que tener el estómago lleno para poder hacer música».

ali & ry

Su productor le convence para que grabe Talking Toumbuctú con el guitarrista yanki Ry Cooder. El disco funciona tan bien que gana un Grammy en 1995. Ese mismo año comienza su primera gira americana acompañando a Cooder. Comienza a vestir sombrero tejano pero aclara: «Mi música no es Blues, yo sólo hago música africana». Tiene casi 60 años y se le considera un maestro del género. Cuando vuelve a casa, en lugar de disfrutar de las mieles del éxito, invierte las ganancias de su gira en la construcción de carreteras, alcantarillado público y redes eléctricas en la región.

Le eligen alcalde de su pueblo en el año 2000, lo que provoca que prácticamente abandone la música hasta el año 2005. Invierte todo el dinero que le queda en una red comunal de regadío en pleno desierto. Durante esa época visita la Alhambra y actúa en la casa de Lorca, cumpliendo uno de sus sueños. Su vuelta al estudio de grabación se salda con su segundo Grammy. «El arte es talento y sólo necesita astucia para combatir las normas». El galardonado In the heart of the moon, en el que aparece acompañado por su compatriota Toumani Diabaté, relanza su carrera. El productor Nick Gold quiere más material pero se encuentra con la negativa de Ali Farka a salir de su pueblo.

La solución: Instalar un estudio de grabación en una fábrica de ladrillos abandonada de Niafunké. La productora usa un equipo portátil y generadores, puesto que en la aldea no hay corriente eléctrica. Farka trae de cabeza a sus ingenieros de sonido. Todos los días deben esperar a que acabe sus faenas en el campo para poder grabar.

Ali & Tounami

Un cierto desánimo recorre la expedición americana. Ali les responde: «Estamos en medio del paisaje que inspira a la música. En Occidente, el arte es puro entretenimiento y no creo que me entiendan.» El disco se convierte en el póstumo Savane. La muerte le sorprende el 7 de marzo de 2006. Probablemente debido a un cáncer. Ese mismo año, Martin Scorsese le incluye en su documental acerca del Blues. Fue enterrado en su aldea, a orillas del río Níger.

La obra de Farka supone una reivindicación de la deuda moral que la Humanidad tiene con el continente del que surgió. El asno que luchó desde su pequeño pueblo por conservar las raíces del verdadero Blues, de esa llave que abrió el cofre de la música occidental. En aquella parte del mundo se encuentra una raíz cultural desconocida para nosotros que entronca la música con el espíritu, a África con el Blues, al colonialismo con la esclavitud. Es la visión africana del arte como parte del entorno, una forma de comunicarse con la tierra y de aferrarse a ella. Quizás deberíamos empezar a valorar esa espiritualidad que desprende la música. Ali Farka Touré nos enseñó el camino recorrido pero no el final del trayecto.

Ali en Mali

También te puede gustar