La estrella oculta

Nuestra sociedad vive en una continua obsesión por el éxito. Un concepto degenerado por la inmediatez, por el tesoro de la eterna juventud. Nadie se da cuenta de que el éxito no es algo que se consigue por la mañana y se consolida por la noche, es un proceso de adecuación del talento al entorno y al espacio social y cultural que a un artista le toca vivir. Hoy en día, un vídeo en Youtube sirve para lanzar otro estrellado más a la fama, que luego terminan nadando en drogas y dinero mientras se van quedando más y más sólos, porque la situación les supera. El ejemplo opuesto a este éxito artificial es RL Burnside.

Nacido en Oxford, Mississippi, Robert Louis Burnside creció en mitad de la Gran Depresión que asoló Estados Unidos en los años 30. Viviendo en este clima de precariedad donde los focos de las grandes estrellas quedaban a muchas millas de distancia, encuentra unas migajas de pan trabajando de granjero o pescador, tal y como siguió haciendo hasta los años 90. Pero más allá de las vicisitudes de la época se tropieza de lleno con la eclosión del Blues como medio de expresión artística. No obstante, su vida es un gran contraste entre su entorno y el casi inexplicable grado de sofisticación que alcanzó su música.

El dolor musical de los negros del sur le golpea en la puerta. Su vecino resulta ser Fred Mcdowell, un granjero virtuoso de la guitarra que llegó a colocar un tema suyo – You got to move – en el mítico Sticky Fingers de los Rolling Stones. McDowell le enseña el arte de las seis cuerdas y le introduce en el estilo slide, una barra metálica utilizada para generar el sonido particular del Blues. Ya no había marcha atrás, la música le había invadido su vida. Según sus propias palabras, una prima suya se casa con Muddy Waters, uno de los exponentes del Blues en el siglo XX. Su reciente pasión le lleva a visitar Memphis o Chicago para escuchar y aprender de los más grandes bluesmen que habían electrificado sus viejas guitarras; John Lee Hooker o Howlin’ Wolf fueron sus referencias más cercanas. Aunque su estilo era mucho más rudo, sucio y espontáneo.

Burnside en 1990

Para sacarle provecho a sus virtudes como músico funda un Juke Point. O lo que es lo mismo un antro de fin de semana donde se junta lo peor del condado en torno al Blues. Allí presentaba a sus parroquianos sus canciones empapadas en derrota, pesimismo y en su whiskey destilado por él mismo. Sus 12 hijos eran partícipes de estos espectáculos. Durante muchas fases de su vida, Robert tuvo que renunciar a su talento para poder comer empeñando guitarras y amplificadores. El negocio y la vida en la granja no daban para grandes giras de presentación.

Y así pasó la mayor parte de su vida hasta que se cruzó en su camino el sello Fat Possum. La discográfica de Mississippi se había cansado del sonido blando y superficial que el consumo del público blanco había producido en el Blues. Por lo que decidieron buscar en los Juke Point el sonido original, el regreso al albor del género. Cuando descubrieron a nuestro protagonista comprendieron lo que tenían entre manos. Este granjero había tocado un Blues puro, sin contaminar, durante más de treinta años y en un local insalubre. ¿Algún ejemplo mejor de pureza? Era como si se hubieran metido en un refugio nuclear durante décadas.

RL Burnside

Eran principios de los noventa y las letras incendiarias de RL Burnside unido a su estilo sucio y auténtico le convirtieron en el referente musical de artistas como los Beastie Boys o los Jon Spencer Blues Explosion Band. El propio Jon Spencer le persuadió para que le acompañara de gira y su carrera terminó de explotar. Y todo esto con más de 60 años de edad. En su escaso periodo de tiempo como músico de masas, supo modernizar el género y fusionarlo con mucha clase con estilos contemporáneos como el Rap o la Electrónica, generando una especie de New Blues.

Juke Point

Su éxito se vio reflejado en la presencia masiva de su música en anuncios de la época y la inclusión de It´s bad you Know en la banda sonora de Los Soprano. Sin embargo, hoy en día ha vuelto a su posición natural; la de ser un semidesconocido para el gran público a pesar de su inmenso talento. El 1 de septiembre de 2005 nos dejaba uno de los últimos exponentes de las raíces de la música del siglo XX.

El ejemplo perfecto de que el talento enlatado que nos venden no existe. Los verdaderos genios viven su talento en consecuencia a las circunstancias que les ha tocado vivir. Nace de experiencias vitales muy duras y de una pasión que se convierte en una válvula de escape de frustración. Es algo que no puede provocar ni regalar. Una pena que nos conformemos con tan poco y que nos olvidemos de tipos como RL Burnside.

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